(ARGENTINA).- "En los últimos días recibí cientos de amenazas y puteadas no sólo para nosotros sino para mis hijas también y eso sí que tiene un límite". El descargo lo publicó Sabrina Di Marzo, esposa de Ángel Correa, y dejó al descubierto el hostigamiento que vive la familia mientras el delantero presiona para salir de Tigres y concretar su llegada a River.
Di Marzo apuntó contra los hinchas que la insultaron a ella y a sus hijas en las redes sociales. "Es fácil humillar, es fácil hablar sin saber y es más fácil echar culpas que hacerse cargo de las cosas como son. Podría decir millones de cosas, pero prefiero callar. Pero con las niñas, no. Dejen de amenazar y de insultar sin saber la historia. Todo tiene un límite, respeto por tres niñas de 10, 5 y 3 años", escribió en Instagram, antes de desactivar su perfil.
La tensión estalló después de que el entrenador de Tigres, Guido Pizarro, confirmara que Ángel Correa ya tomó la decisión de no continuar en el club de Monterrey. El futbolista de 31 años tiene acordado su contrato con River y en la dirigencia mexicana lo saben: su deseo es ser vendido al club de Núñez.
La negociación, sin embargo, está trabada por la diferencia de plata. River mantiene una oferta de 13 millones de dólares por Ángel Correa, pero Tigres exige los 18 millones de la cláusula de rescisión que figura en el vínculo del jugador, que se extiende hasta el 30 de junio de 2030. Las cifras no se movieron en los últimos días y el desgaste empieza a sentirse.
La ausencia de Ángel Correa en el primer partido del Apertura de la Liga MX elevó la presión. La dirigencia no lo convocó para el viaje a Tijuana y su equipo cayó 3-1 ante Xolos. La decisión de dejarlo afuera fue leída como una señal de que la salida está cada vez más cerca, pero la reacción de los hinchas se descontroló y derivó en las amenazas que denunció su esposa.
Di Marzo cerró su descargo con una frase que apunta a lo que vendrá: "El tiempo siempre da la razón y está del lugar directo". Después, desactivó su cuenta de Instagram para frenar la ola de agresiones.
Por lo pronto, River no piensa estirar su oferta hasta los 18 millones que pretende Tigres. La operación sigue abierta pero sin definiciones y el conflicto familiar añade un componente inesperado a una novela que todavía no tiene capítulo final.
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