Con la cuarta fecha del Torneo Apertura ya consumada, la tabla de posiciones empieza a ofrecer algo más que números. Para River y Boca, los últimos resultados dejaron señales claras, aunque con lecturas muy distintas. Ambos vienen de perder, pero el impacto de esas derrotas no se refleja de la misma manera en el mapa del torneo.
El Millonario aparece condicionado por el contexto. El empate previo y la goleada sufrida ante Tigre lo dejaron en una zona incómoda, más cerca de la irregularidad que de la pelea directa. Más allá de la cantidad de puntos, lo que pesa es la sensación de fragilidad: el equipo de Marcelo Gallardo no logra encadenar rendimientos sólidos y la tabla empieza a devolver esa imagen.
En un torneo corto, la ubicación importa tanto como la tendencia. River no solo perdió terreno, sino también margen de error. Cada fecha que pasa sin afirmarse incrementa la presión, porque la tabla se vuelve un recordatorio permanente de que el tiempo no sobra y que las dudas se pagan caro.
Boca, en cambio, transita una situación diferente. Aunque también cayó en la última fecha, su posición se sostiene desde un recorrido más estable. El Xeneize recibió un duro golpe, pero no tiene la urgencia de mirar el retrovisor ni ajustar todo de golpe. La tabla lo encuentra todavía con margen, respaldado por un funcionamiento que no se desarma por un resultado adverso.
La diferencia no está únicamente en los puntos acumulados, sino en cómo cada club convive con la tabla. Para River, es una advertencia. Para Boca, una referencia más dentro de un proceso que apunta a crecer con el correr de las fechas.
El contraste entre River y Boca: la tabla como espejo del momento
El Apertura empieza a ordenar el panorama y a marcar tendencias. River aparece apurado, obligado a reaccionar rápido por los fantasmas del 2025 para no quedar atrapado en una zona incómoda. Boca, con mayor respaldo emocional, entiende que la tabla todavía se puede trabajar. En un torneo sin paciencia, la tranquilidad también suma puntos.


