El debate que se instaló en redes sociales en los últimos días sobre cuántos socios “reales” tienen River y Boca abrió una discusión que va más allá de los números oficiales. La pregunta no apunta solo a la cantidad de asociados, sino al grado de participación, pertenencia y peso real que esos socios tienen en la vida institucional de los clubes. Y, como suele pasar, la comparación entre los dos gigantes volvió a estar en el centro.
El elenco Millonario aparece como el club con mayor cantidad de socios del país en el último informe de AFA, un dato que se repite en rankings oficiales y comunicados institucionales. Sin embargo, en redes comenzó a discutirse cuántos de esos socios participan activamente, votan o tienen acceso pleno a la vida del club. Para muchos hinchas, el número total funciona como una carta de presentación potente, pero no siempre refleja compromiso cotidiano ni respaldo automático a las decisiones deportivas.
En Boca, el debate toma otro matiz. Con menos socios registrados que River, el club muestra históricamente una base más concentrada y politizada, con alta participación en elecciones y fuerte identificación con la conducción deportiva. En redes, varios usuarios remarcan que el peso del socio no está solo en el padrón, sino en cómo ese padrón se expresa cuando el proyecto futbolístico entra en discusión.
El cruce de opiniones revela una tensión interesante: cantidad contra intensidad. River exhibe volumen social como símbolo de grandeza y respaldo estructural, mientras Boca suele apoyarse en la cohesión interna y en la identificación directa con el equipo. Dos formas distintas de entender el poder social, que también se reflejan en cómo se vive cada crisis o cada éxito.
River vs. Boca: Más que números, identidad
El debate sobre socios “reales” no tiene una respuesta única. Lo que sí deja en claro es que River y Boca construyen su fortaleza social desde lugares distintos. En un fútbol cada vez más atravesado por lo simbólico, el respaldo no solo se mide en carnets, sino en cómo ese apoyo se transforma en identidad, presión y sostén del proyecto deportivo.


