La llegada de Kendry Páez a River encendió expectativas y debates casi de inmediato. Más allá del entusiasmo generado por sumar un talento joven con proyección, el contexto completo del pase invita a una lectura más profunda: el Millonario apuesta por potencial antes que por soluciones listas, en un momento donde el equipo aún no encontró una identidad clara. No se trata solo de sumar un nombre con proyección, sino de cómo ese refuerzo encaja en una estrategia que hasta ahora parece más reactiva que planificada.
Páez, de 18 años, llega cedido desde Chelsea, equipo que no lo tenía entre sus prioridades inmediatas. Esa elección en Núñez puede leerse como una oportunidad futbolística, sí, pero también como un síntoma del momento del club: si la apuesta pasa por proyectos a largo plazo cuando el torneo local ya exige resultados, es porque faltan certezas inmediatas. El equipo de Marcelo Gallardo no se aseguró refuerzos experimentados en zonas sensibles y ahora incorpora juventud con habilidad, pero sin el peso de jerarquía que hace falta para competir sin margen de error.
En Boca, la lógica del mercado fue distinta. Cuando el club salió a buscar refuerzos, lo hizo con un enfoque claro: cerrar incorporaciones que aporten un salto inmediato al equipo. No se confundió juventud con solución, ni apuesta con necesidad. Eso no significa que el clásico rival desprecie proyección; significa que entiende la diferencia entre planificar a futuro y cerrar brechas hoy. La estabilidad del plantel campeón acaba siendo la verdadera victoria silenciosa de una estrategia de mercado bien ejecutada.
River y Boca hicieron movimientos distintos, y eso habla del momento de cada proyecto. Uno busca consolidar, el otro improvisa potencial. En el fútbol argentino, saber qué priorizar, ahora o después, no es menor.
Contraste entre River y Boca: apuesta futura vs urgencia presente
La llegada de Páez tiene brillo, pero también pregunta. Cuando un joven llega para resolver lo que el equipo aún no puede, la urgencia del contexto pesa tanto como el talento mismo. River apuesta al potencial; Boca, al equilibrio. Y esa diferencia de enfoque puede terminar marcando la temporada.


