A pocos días del inicio del Torneo Apertura 2026, River vuelve a quedar en el centro de la escena por decisiones que reabren viejas discusiones. La puesta en venta de Fabricio Bustos y la disposición a escuchar ofertas por otros nombres del plantel refuerzan una sensación que ya se instaló entre los hinchas: el equipo sigue en proceso de desarme en un momento donde debería estar consolidándose. Lejos de cerrar filas, el mercado vuelve a mostrar a un River con piezas en movimiento y sin una base definitiva.
El caso de Bustos funciona como símbolo. Un jugador que llegó para darle jerarquía al lateral derecho hoy aparece prescindible, no por una mejora estructural del equipo, sino por necesidades de reconfiguración constantes. A eso se suman otros futbolistas que esperan ofertas o quedaron bajo evaluación, alimentando la idea de un plantel abierto, vulnerable y sujeto a cambios incluso con la competencia a la vuelta de la esquina.
El contraste con Boca es evidente. En la Ribera, la lógica fue opuesta: escuchar propuestas sin regalar jugadores y sostener a los referentes que ordenan el vestuario. El rival de toda la vida blindó su columna vertebral y convirtió el mercado en una herramienta de ajuste fino, no en un escenario de salida masiva. La diferencia no está solo en quién se va o se queda, sino en el mensaje que se transmite puertas adentro y hacia afuera.
River, en cambio, sigue enviando señales de provisionalidad. Cada posible salida debilita la continuidad futbolística y refuerza la sensación de que el proyecto nunca termina de afirmarse. Con un año sin Libertadores y con el torneo local como principal objetivo, exponer activos clave al mercado aparece como un riesgo más que como una solución.
La diferencia entre River y Boca: sostener también es una decisión
En el fútbol actual, no todo pasa por incorporar. Retener, respaldar y darle continuidad a las piezas importantes también construye competitividad. Boca entendió esa lógica y hoy administra su plantel desde la fortaleza. River, mientras tanto, sigue negociando sobre una estructura que todavía no logra estabilizarse. Y cuando el torneo arranca, esas diferencias suelen hacerse visibles rápido.


