El cierre de la temporada 2025 dejó conclusiones claras puertas adentro en River. Marcelo Gallardo entendió que el mediocampo necesitaba una renovación profunda y por eso avanzó rápido en el mercado para incorporar a Fausto Vera y Aníbal Moreno, dos volantes centrales con recorrido y peso específico. Sin embargo, en su primera prueba conjunta, el entrenador decidió sumar también a Kevin Castaño, una elección que no terminó de funcionar desde lo futbolístico.
En el encuentro ante Peñarol, disputado en Maldonado, las condiciones del campo de juego influyeron, pero no explicaron por completo la falta de claridad del equipo. River tuvo dificultades para progresar con la pelota y apenas logró inquietar al rival. Durante el primer tiempo, las subidas de Matías Viña y algunas combinaciones con Juan Fernando Quintero y Facundo Colidio fueron las únicas vías para acercarse al arco, insuficientes para las exigencias del nuevo ciclo.
El esquema con tres mediocampistas de contención aportó orden y control, aunque también dejó en evidencia problemas de complementariedad. En varios pasajes, Vera y Castaño ocuparon zonas similares y limitaron las variantes. El colombiano fue quien tuvo mayor margen para soltarse, pero volvió a mostrar una carencia que se repite desde su llegada: escasa incidencia en situaciones ofensivas y poca presencia en el área rival.
Las dudas de Gallardo en River
Los números respaldan ese diagnóstico. Castaño acumula 38 partidos oficiales con la camiseta de River sin goles convertidos y apenas registra dos asistencias, ambas desde pases sin ventaja directa para los definidores, Marcos Acuña frente a Barracas Central y Miguel Borja ante Independiente del Valle. Esa falta de peso en ambas áreas, sumada al antecedente de un año irregular, lo coloca bajo análisis interno.
La decisión de Gallardo de apostar por un triángulo de mediocampistas con perfil defensivo llamó la atención. Entre Vera, Moreno y Castaño suman 664 encuentros oficiales en clubes y apenas 30 goles, lo que arroja un promedio muy bajo. Dentro de ese registro, el colombiano es quien presenta menor incidencia ofensiva, un dato que refuerza la idea de posibles ajustes en el corto plazo.



