El arranque de 2026 encuentra a River y Boca atravesados por una discusión inevitable: el rol de sus entrenadores y el momento que vive cada proyecto. En Núñez, la continuidad de Marcelo Gallardo vuelve a ser eje de debate, no tanto por su historia, sino por el desgaste visible del último tiempo. En la vereda de enfrente, parecen haber encontrado en Claudio Úbeda una conducción más firme y alineada en los últimos meses de lo que fue la temporada pasada.
En el rival de toda la vida, la confirmación de Úbeda fue leída como una señal de convicción. El entrenador logró ordenar al equipo, mejorar rendimientos y cerrar 2025 con otra energía. Incluso, se ilusionaron con la chance de salir campeones del Torneo Clausura. La dirigencia respaldó ese proceso y el vestuario respondió, algo que se refleja tanto en el clima interno como en la tranquilidad con la que se encara la pretemporada y el mercado de pases.
La dirigencia riverplatense, en cambio, sigue apostando por una figura enorme, pero claramente desgastada. Gallardo ya no genera el consenso automático de otros ciclos y su equipo arrastra problemas de funcionamiento que no terminan de resolverse. La insistencia en sostenerlo parece más ligada al pasado que a una lectura fina del presente, y eso se traduce en dudas futbolísticas y en una planificación que no termina de arrancar.
De hecho, estas dudas se ven plasmadas en el mercado, con muchas salidas, refuerzos que llegan, pero ninguna certeza en lo que al esquema se refiere. Esa diferencia de momentos pesa más de lo que parece. Mientras Boca construye desde certezas recientes, River sigue aferrado a un nombre que ya no garantiza respuestas inmediatas.
Gallardo vs. Úbeda: dos decisiones que marcan el rumbo
Sostener a un entrenador también es una declaración de principios. Boca eligió respaldar un proceso que mostró señales claras en poco tiempo. River, en cambio, continúa apostando a una figura desgastada, con la esperanza de que el pasado vuelva a resolver lo que el presente todavía no puede.


