El mercado de pases volvió a funcionar como un espejo incómodo para River y Boca en este arranque de 2026. Mientras ambos clubes se mueven con la intención de reforzarse, pensando en el arranque del Torneo Apertura 2026, las sensaciones que transmiten hacia afuera son muy distintas. En Núñez, cada día sin un nombre rutilante parece leerse como una urgencia. En la vereda de enfrente, el Xeneize atraviesa enero con un tono más calmo, sin movimientos compulsivos.
En el caso del rival de toda la vida, la estrategia parece clara: no apurarse, no sobreactuar necesidades y sostener una planificación que ya viene dando señales desde el cierre de 2025. Los dirigidos por Claudio Úbeda saben qué buscab y, sobre todo, qué no necesitan incorporar. Con un plantel más ordenado y decisiones fuertes ya tomadas, la dirigencia puede permitirse esperar el momento adecuado para sumar jerarquía sin comprometer recursos innecesarios.
River, en cambio, transita el mercado desde un lugar más incómodo. La acumulación de nombres, las negociaciones abiertas en paralelo y la sensación de que “falta algo” generan un clima de ansiedad que se traslada al hincha. La urgencia por mejorar rápidamente, sumada al golpe de no jugar la Copa Libertadores, empuja al club a moverse sin una narrativa clara que sostenga cada incorporación.
La lectura general del mercado es distinta para ambos equipos. Boca parece administrar tiempos y expectativas, mientras River responde más a la presión del contexto que a una idea consolidada. No se trata solo de gastar más o menos, sino de transmitir convicción en cada paso que se da.
River vs. Boca: una diferencia que también se nota en el mensaje hacia afuera
En este escenario, el mercado de pases funciona como algo más que un simple proceso de rearmado. Boca utiliza el silencio y la cautela como aliados, reforzando la idea de control y planificación. River, por su parte, deja expuesta una ansiedad que revela dudas de fondo.


