El arranque de 2026 vuelve a dejar una diferencia que no siempre se mide en refuerzos o resultados: la forma en que cada club comunica y gestiona su proyecto puertas adentro. River y Boca transitan el mismo calendario y ambos aguardan por el arranque del Torneo Apertura 2026, pero lo hacen desde lugares muy distintos. Mientras uno refuerza una idea clara de conducción, el otro todavÃa intenta acomodar piezas sin un mensaje unificado.
Para el rival de toda la vida, la gestión transmite previsibilidad. Las decisiones de Claudio Úbeda se toman con tiempos marcados y sin necesidad de sobreactuar. No hay anuncios grandilocuentes ni giros bruscos: el club parece tener una idea de cómo encarar el año. Esa calma institucional termina bajando al plantel y, sobre todo, al hincha, que percibe un rumbo definido más allá de nombres propios.
River, en cambio, sigue moviéndose en un escenario más incierto. Las señales que bajan desde la conducción y el área futbolÃstica no siempre coinciden. Se habla de proyectos, pero las decisiones parecen responder a urgencias. Esa falta de claridad genera un clima de expectativa permanente, donde cada paso se analiza como si fuera determinante para salvar el año que recién empieza.
La diferencia no es menor. Boca apuesta a consolidarse en este 2026; River intenta corregir sobre la marcha. En el largo plazo, esa distancia suele sentirse. Y esto se siente aún más, en un año en donde uno disputará Copa Libertadores, mientras que el otro tendrá que conformarse con afrontar la Copa Sudamericana.
River y Boca, con horizontes distintos: el peso del mensaje institucional
El 2026 también se construye con señales, gestos y coherencia interna. Boca arranca la temporada con un discurso que parece alineado entre dirigencia, cuerpo técnico y plantel. River, en cambio, todavÃa busca ese equilibrio. Y aunque el año recién empieza, esas diferencias de gestión suelen ser las que después explican por qué algunos proyectos avanzan y otros quedan atrapados en la incertidumbre.


