El inicio de un nuevo año siempre genera mucha expectativa en los hinchas, asi como también en los jugadores, cuerpos técnicos y proyectos deportivos. Con el calendario todavÃa en pañales y el mercado de pases en movimiento, River y Boca vuelven a quedar inevitablemente bajo la lupa. Sin embargo, al mirar el horizonte 2026, la sensación general es que el club de La Ribera ofrece hoy un escenario más claro y atractivo que su clásico rival.
Para el equipo azul y oro, el cierre del 2025 dejó una base sobre la cual construir. La clasificación a la Copa Libertadores, el impacto inmediato de Claudio Úbeda y un ordenamiento interno que llegó a tiempo permiten encarar el nuevo año con certezas. No se trata de un equipo consolidado ni mucho menos, pero sà de un proyecto que muestra rumbo, objetivos definidos y un margen de crecimiento
Contrario a esto, para el River de Marcelo Gallardo este 2026 se torna más incómodo, sin Libertadores y con la necesidad de rearmar un plantel numeroso y con un desgaste acumulado tras lo que fue el año pasado. Para muchos jugadores, hoy el equipo de Núñez aparece como una incógnita: un club obligado a responder rápido y con menos margen de error.
En ese contraste se explica por qué Boca empieza a ganar terreno en la carrera por seducir. Jugar la Libertadores, tener roles más claros y un clima emocional más estable pesan a la hora de decidir. A eso se suma un vestuario que ya atravesó su crisis y logró salir a flote, algo que en Núñez todavÃa aparece como una cuenta pendiente
Un contexto que marca decisiones
En el escenario que muestra este 2026 se puede ver a un Boca ofreciendo certezas donde River aún busca respuestas. Esa diferencia, hoy silenciosa pero profunda, empieza a inclinar la balanza. Más aún al pensar en los futbolistas que han llegado a estar en carpeta de ambos clubes.


