Desde hace casi ocho años que la costumbre de disputar Superclásicos amistosos en el verano argentino quedó en el pasado. Ese clásico informal que se jugaba en enero o febrero, especialmente en Mar del Plata, dejó de existir tras la última edición en 2018, y las razones tienen que ver con logÃstica y prioridades deportivas, tanto del lado de River, como también por parte de Boca.
Durante décadas, este duelo entre el Millonario y el Xeneize en pleno verano era algo más que solo un simple amistoso. También era una postal ineludible de cada inicio de año futbolÃstico. Además, el hecho de que habÃa público de ambos equipos colmando los estadios generaba una expectativa de la misma magnitud que los partidos oficiales.
Pero con el paso del tiempo, ese ritual fue perdiendo sentido. Hoy, con diferentes formatos de pretemporada, gira internacional de clubes y agendas cada vez más cargadas, esos clásicos quedaron en el recuerdo. Lo que sà es cierto es que, si ese Superclásico se jugara ahora, el contexto ayudarÃa más a Boca que a River. El rival de toda la vida encara el 2026 con un proyecto definido, la clasificación a la Copa Libertadores asegurada y una sensación de rumbo tras un cierre de año donde logró ordenar su juego y su plantel.
River, en cambio, encara pretemporada con urgencia, replanteos y sin esa misma estabilidad deportiva o emocional. Bajo esas condiciones, el clásico de verano serÃa mucho más que un simple amistoso: serÃa una oportunidad temprana para mostrar cuál de los dos llega mejor preparado, y los hechos recientes marcan que Boca tiene más argumentos para eso.
¿Por qué importa que ya no exista el River-Boca de verano?
Esta tradición, hoy ausente, habrÃa funcionado como una primera foto del 2026, un espejo de ambiciones antes de que ruede la pelota oficialmente. Y si ese espejo se mirara ahora, los argumentos deportivos y emocionales indicarÃan a Boca mejor parado que River para iniciar el año.


